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Tercer depósito del Canal de Isabel II en Madrid, antes del derrumbe

Fritz von Emperger “Hundimiento del depósito de Madrid”. Revista de Obras Públicas, 1907

Primer y segundo compartimento del tercer depósito de aguas de Madrid, en construcción.

Fritz von Emperger “Hundimiento del depósito de Madrid”. Revista de Obras Públicas, 1907

Dilatación de una viga del tercer depósito

Fritz von Emperger “Hundimiento del depósito de Madrid”. Revista de Obras Públicas, 1907

Concurso del 3er depósito del Canal de Isabel II de Madrid

El período inicial de intenso crecimiento de la construcción con hormigón armado en España parecía estar llamado a culminar con las obras de la cubierta del tercer depósito del Canal de Isabel II en Madrid. La adopción de una solución de hormigón armado para las cubiertas por parte del Consejo Superior de Obras Públicas demostraba la aceptación del material por la Administración. Iba a ser, con más de 80.000 m², la principal construcción española de hormigón armado hasta la fecha y la mayor del mundo en su género.

... la adopción de una solución de hormigón armado para las cubiertas por parte del Consejo Superior de Obras Públicas demostraba la aceptación del material por la Administración.


Tras varios años postpuesto, el proyecto y ejecución de esta gran obra fue sacado a concurso internacional en 1901. Se presentaron hasta catorce proposiciones, de ingenieros y empresas nacionales y extranjeras, entre ellas las de Juan Manuel de Zafra, Mauricio Jalvo, la Compañía de Sestao o Hennebique. En 1903 la empresa de José Eugenio Ribera obtuvo la adjudicación de las obras.

El arriesgado planteamiento estructural de Ribera, aunque ya había sido probado en obras similares, como el depósito de aguas de Gijón, levantó suspicacias desde el primer momento .Junto a comentarios sobre el favoritismo de la Administración hacia Ribera, provenientes principalmente de la Compañía de Sestao, algunos informes técnicos avisaron del posible peligro que suponía la falta de arriostramientos transversales en el proyecto ganador. La solución de Juan Manuel de Zafra se revelaba más adecuada en opinión de algunos técnicos, si bien una insignificante diferencia de coste inclinó la balanza hacia Ribera. Con todo, en 1904 comenzaron las obras, quedando al frente de las mismas el también ingeniero, miembro de la empresa de Ribera, Mariano Luiña.

 

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