tarta hormigon armado

Stand expositor de la firma Hennebique en la Exposición franco-británica de Londres de 1908

CNAM/DAF/ Cité de l´architecture et du patrimoine/ Archives d´architecture du XXe siècle

François Hennebique y el ingeniero italiano concesionario de la firma Giovanni Porcheddu

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Retrato de François Hennebique (1842-1921)

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Sede de las oficinas centrales de la Maison Hennebique en París.

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Fábrica de hilaturas Barrois, en Fives-Lille (Francia). 1896

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El sistema Hennebique

El éxito que las construcciones Monier estaban teniendo en Alemania a finales del siglo XIX animó a muchos franceses a explotar sistemas similares en su país. Entre ellos, el que mayor fortuna logró fue el del contratista franco-belga François Hennebique (1842-1921).

Hennebique implantó en su empresa modernas y acertadas estrategias de propaganda; encaminadas a divulgar las ventajas de su sistema constructivo.

Hacia 1890 Hennebique puso a punto un sistema de construcción con hormigón armado y fundó una empresa para explotarlo comercialmente. En 1886 había registrado en Bélgica su primera patente por un “Sistema de forjados tubulares de hormigón reforzado con elementos de hierro”, a la que siguieron diversas mejoras y nuevas aplicaciones en los años siguientes - columnas, pilares, cimentaciones, pilotes … - hasta poner a punto un sistema integral de edificación con el nuevo material que en seguida encontró muy buena aceptación.

En el agitado mercado francés del hormigón armado de la última década del XIX, Hennebique tuvo una expansión espectacular, debido entre otras cosas a su gran capacidad como empresario. Creó una eficacísima organización empresarial, la Maison Hennebique, constituida por una red de oficinas técnicas, con la central en París y agentes y concesionarios repartidos por distintas localidades y pronto por muy diversos países. Los concesionarios actuaban como contratistas con licencia para construir con el sistema en una zona determinada. El rápido crecimiento aconsejó la figura del agente general, empresario encargado de gestionar los proyectos de la empresa en una zona o país, que se procuraba fuera un técnico de prestigio.

En este sentido y no menos importante fue que Hennebique supo rodearse de equipos técnicos de gran competencia, que ampliaron al máximo las aplicaciones de su sistema en la arquitectura y la ingeniería. Así, la organización contó con ingenieros de la talla de Samuel
de Mollins en Suiza, Giovanni Porcheddu en Italia o José Eugenio Ribera en España.

Además, Hennebique implantó en su empresa modernas y acertadas estrategias de propaganda; encaminadas a divulgar las ventajas de su sistema constructivo. Fueron numerosas las demostraciones públicas de la incombustibilidad y resistencia de sus construcciones: pequeños edificios levantados para la ocasión que se entregaban a las llamas para probar sus propiedades ignífugas o pruebas de resistencia de losas y vigas, sometidas a sobrecargas excepcionales.

Algunas de ellas tuvieron lugar en las exposiciones regionales o internacionales de esos años,
a las que la empresa acudía con stands publicitarios en los que, a través de fotografías y maquetas, daba a conocer sus principales realizaciones. De hecho, la joven técnica de la fotografía se reveló como un moderno y eficaz aliado en las campañas de publicidad de la organización. A partir de 1899, ésta empezó a publicar su propia revista, Le Béton Armé,
que se convirtió en un valioso medio de divulgación de las obras realizadas y, por añadidura, en una herramienta más de popularización del nuevo material de construcción.

De este modo, el sistema de hormigón armado de François Hennebique, sin ser mejor que los muchos que surgieron en esos años, no sólo se difundió con una rapidez vertiginosa por Francia, sino que al comenzar el nuevo siglo tenía una fuerte presencia en otros países, tanto de Europa -Italia, Bélgica, Suiza, Reino Unido… - como de otros continentes, caso de Egipto, Estados Unidos o México. Si las primeras aplicaciones importantes del sistema se dieron en edificios industriales, como fábricas harineras, de hilaturas o depósitos, paulatinamente se fueron extendiendo a otros campos de la edificación y sobre todo de la ingeniería: puentes
y pasos de carretera y ferrocarril, canales y conducciones de agua potable, saneamientos, obras portuarias, muros de contención, pantallas de pilotes, etc.

La Maison Hennebique llevó por primera vez el hormigón armado a muchos países. Cuando introdujo su patente en España, en 1893, funcionaba ya aquí una empresa con el sistema Monier, pero el impulso dado por la Organización a la nueva técnica fue trascendental de cara
a la implantación del nuevo material, que de otra manera probablemente se hubiera demorado por más tiempo.

 

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