tarta hormigon armado

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Portada de la revista La Construcción Moderna

La Construcción Moderna, num 16 - Agosto 1906

Una patente de J.E Ribera

Oficina Española de Patentes y Marcas. Archivo Histórico. Patente nº 29936

La primera generación de empresas españolas

Una de las preocupaciones que ha de tenerse en cuenta a la hora de realizar cualquier construcción es la de procurar que las distintas partes que la componen tengan solidez
y cohesión. Los muros y paredes con las que se levantan habitualmente están hechos de materiales diferentes y lo normal es que cada material se comporte de manera homogénea entre sí pero diferente con los demás, sobre todo al enfriarse y calentarse durante el día. Por ello, en las zonas donde se juntan dos de ellos, tienden a salir roturas y grietas. Una pared de ladrillo y piedra, por ejemplo, tendrá la necesidad de ser levantada con precaución para que esos materiales queden, mediante grapas, llaves o trabas, sólidamente unidos entre sí y se comporte el conjunto como si formaran un bloque monolítico.

En el siglo XIX varios estudios teóricos y pruebas experimentales determinaron que el hierro y el hormigón se comportaban de forma muy homogénea a la hora de dilatar

Este problema se ha resuelto tradicionalmente de muchas maneras. Sin embargo, aquí nos interesa explicar que desde antiguo se colocaban algunos elementos metálicos como grapas, cadenas o barras que servían para unir entre sí sillares, hojas de muros o cualquier otro elemento de la edificación. Es muy común ver, por ejemplo, grapas de bronce uniendo grandes bloques de piedra en los edificios romanos. Todos sabemos que Brunelleschi, para fabricar la cúpula de Santa Maria dei Fiori en Florencia utilizó refuerzos metálicos. En ocasiones se ven barras de hierro sujetando los arcos de los pórticos en los soportales. Es decir, el metal ha sido usado en infinidad de ocasiones y de muchas formas distintas antes de que se utilizara para armar los hormigones.

En el siglo XIX varios estudios teóricos y pruebas experimentales determinaron que el hierro
y el hormigón se comportaban de forma muy homogénea a la hora de dilatar. Esto suponía una gran ventaja, ya que la unión entre ellos era muy consistente y no sufría daños al cambiar de temperatura. Por otro lado, el cemento, al tener un pH alcalino ayudaba a que el hormigón no se corroyera. Al fraguar, la contracción que se da en el hormigón hace que las barras de hierro en su interior se contraigan, lo que mejora su adherencia. Todas estas propiedades hacen que la unión de estos materiales sea mejor que cada una por su lado.

 

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